miércoles, 13 de febrero de 2013


Hagámonos cargo
(Escrito por Fernando Barletta)

Parece ser que una actitud humana muy habitual es la de echar culpa a otros en aquellas situaciones en que algo anda mal.  El excelente libro La Culpa es de la Vaca (Jaime Lopera Gutiérrez y Marta Inés Bernal Trujillo – 2002, Intermedio Editores-) nos ayuda a ilustrarnos con una curiosa anécdota:

“Este texto, cuyo resumen fue publicado originalmente por el profesor Fernando Cepeda en su columna habitual de El Tiempo, es una excelente demostración de una conducta muy nuestra relacionada con la ramificación de la culpa.

Se estaba promoviendo la exportación de artículos colombianos de cuero a Estados Unidos, y un investigador de la firma Monitor decidió entrevistar a los representantes de dos mil almacenes en Colombia, La conclusión de la encuesta fue determinante: los precios de tales productos son altos, y la calidad muy baja.

El investigador se dirigió entonces a los fabricantes para preguntarles sobre esta conclusión.  Recibió esta respuesta: no es culpa nuestra; las curtiembres tienen una tarifa arancelaria de protección de quince por ciento para impedir la entrada de cueros argentinos.  A continuación, le preguntó a los propietarios de las curtiembres, y ellos contestaron: no es culpa nuestra; el problema radica en los mataderos, porque sacan cueros de mala calidad.  Como la venta de carne les reporta mayores ganancias con menor esfuerzo, los cueros les importan muy poco.  Entonces el investigador, armado de toda su paciencia, se fue a un matadero. Allí le dijeron: no es culpa nuestra; el problema es que los ganaderos gastan muy poco en venenos contra las garrapatas y además marcan por todas partes a las reses para evitar que se las roben, prácticas que destruyen los cueros.  Finalmente, el investigador decidió visitar a los ganaderos. Ellos también dijeron: no es culpa nuestra; esas estúpidas vacas se restriegan contra los alambres de púas para aliviarse de las picaduras.

La conclusión del consultor extranjero fue muy simple: los productores colombianos de carteras de cuero no pueden competir en el mercado de Estados Unidos "¡porque sus vacas son estúpidas!"

Esta anécdota lleva a preguntarme cuántas veces en mi cotidiano no puedo hacerme cargo de las cosas y termino culpando a los otros.  Y luego, claro, cuando ese inevitable futuro poco venturoso finalmente se convierte en un presente desdichado vuelvo a recriminarme por haber elegido mal en las últimas elecciones presidenciales.

¿Por qué no nos podemos hacer cargo de las cosas?  ¿Qué nos duele si lo hacemos?

No lo sé.  Apenas puedo conjeturar.

Asumir errores y falencias no es fácil, debe existir para ello la capacidad personal de enfrentar una realidad que puede desagradarnos, descalificarnos, o desvalorizarnos.  Pero, a mi criterio, nada más lejos de la verdad; el desagrado, la descalificación y la desvalorización, son siempre proyecciones propias hacia lo que los otros pueden pensar de nosotros.  Y esa proyección nos aprisiona.

Si somos capaces de aceptar un yerro o una falencia podremos, entonces, ser capaces de corregirla; y así, CRECER.  En cambio, mientas tengamos la tendencia de señalar a los demás como culpables de lo malo, nos dejará inermes ante el problema pues la solución o la mejora estará siempre fuera de nosotros…  ¡Y terminaré disparado yendo a ver a la tarotista para que me diga cuál es mi destino!

Y esta última opción no me resulta muy linda, creo que prefiero hacerme cargo de lo que me toca.


Fernando Barletta
Artebar Buenos Aires - Escuela de Actuación

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